lunes, 15 de septiembre de 2014

Papeles de BRADOMIN del VALLE (6)



BANQUETE CON TRAMPA


El General Primo de Rivera presidiendo el banquete
De un suceso acaecido en Oviedo y que pudo haber tenido consecuencias políticas. En crónica anónima, el periódico la Voz de Asturias de fecha 18 de agosto de 1926, informa de la visita a Asturias del General Primo de Rivera, acompañado de sus hijas Pilar y Carmen; continua diciendo... "que en su honor se organizó una gran fiesta y se movilizó a gran número de personas llegadas de todos los puntos de la provincia. Se adornaron fuentes y calles, y en el Bombé, relumbrante de flores y tapices, se celebró el banquete oficial. Nos va detallando la aristocracia e ilustres asistentes..."Se congregaron 1.670 comensales, servidos por 150 camareros, y el precio del menú fue de 12,50 pesetas. Pero a causa de no se sabe que ocultas motivaciones, la misteriosa adulteración de algunos platos ocasionó inoportunos desajustes intestinales, que acabarían en apresurados movimientos y abandonos de la mesa".
Parece ser que la cosa no fue a mayores; posteriormente y por persona bien informada, el cronista, supo que había sido la ingesta de langostinos en deficientes condiciones: ¡la que se pudo armar!.


(Pasaje del libro "De los Cafés antiguos en la Ciudad de Oviedo", Oviedo 2007. Autor. Emilio Cepeda García).


viernes, 16 de agosto de 2013

Papeles de BRADOMÍN del VALLE (5).


El gran JERO.


Jero Ibrán y Mercedes Shau, ambos, campeones de España
Así era conocido en Oviedo. Hijo del destacado ingeniero D. Jerónimo Ibrán. Un atractivo joven de mucho gancho entre el elemento femenino, allá por las calendas de los años veinte del siglo pasado. Un ovetense que bullía por la Vetusta de la gente bien, es decir de la gente pija que se dice ahora, y que en ésta encorchada ciudad siempre hubo abundante cosecha; aunque también tenía amigos en todos los ámbitos sociales.

Jero, desde muy joven practicaba varios deportes: fue un destacado jugador de "tennis", y fueron muchas, sin duda, las competiciones en las que tomó parte. En esa época ovetense llegaban noticias de sus triunfos sobre raquetas famosas. Sin más, valga ésta instantánea tomada en Santander en el año 1939, donde se proclamo campeón de España. Por todo eso, me complace sacar del olvido a este insigne deportista de la belle epoque carbayona.

domingo, 14 de julio de 2013

Papeles de BRADOMÍN del VALLE (1).


LA PORVENIRA:

En el periódico La Nueva España de fecha 15 de Noviembre de 1944; en no ta necrológica recoge la singular noticia:

<<La popular ovetense doña Pilar Norniella ha fallecido en esta ciudad sin haber hecho testamento. Y como se da el caso que solo deja parientes que pasan del quinto grado; su fortuna valorada en tres millones de pesetas pasará a poder del Estado>>.

A la tan opulenta señorita -tres millones de pesetas en aquellos años representaban caudal de   muchísima consideración-, se la conocía por "La Porvenira"; ello como consecuencia de haber tenido su padre un comercio que funcionaba bajo el título de "El Porvenir": local en la calle Uría, 22.
Iba el tiempo, por entonces, por las cercanías de la década de los treinta y a la sazón ya andaba nuestra Pilar en el friso de la edad más que madura. La recuerdo bien, circulando por Oviedo y fue por aquellas fechas cuando llegué a saber que era ella, y que desde bastantes años atrás se había hospedado definitivamente en el Hotel París, en la calle Uría; hotel que más tarde paso a titularse Príncipe de Asturias. A aquellas alturas, conservaba la elegancia asistida por las manifiestas calidades del atuendo y alhajamiento a plena muestra.
LA PORVENIRA. Dibujo de Sebastian Miranda
Como testimonio revelador de la gentileza que en tiempos de más temprana edad acentuaba la distinción de la Norniella, el apunte de Sebastian Miranda (fecha 1909), es sin duda aprovechable al máximo. Pues si nada de belleza sorprendente debía aportar su palmito, todo lo contrario se refleja en la perfectamente estilizada composición de su esbelta figura. Pero también pudiera ocurrir que la suntuosa elegancia de la gentil Pilar fuese atendida, directamente, por modisto de fama consagrada, de París o Londres.
Que aquella señorita (hija del dueño del "El Porvenir") fue personaje señero en la vida social ovetense es cosa fuera de duda, y en tal circunstancia ha de cifrarse la clave de la decisión de Pérez de Ayala en cuanto a trasuntarla en la "Felicita Quemada" en su ovetensísima novela : "Belarmino y Apolonio".
Tal vez por motivos que alcanzaban grado de curiosidad, desde que alcancé a conocerla siempre me fue agradable la presencia de aquella sofisticada dama. Ahora su recuerdo me satisface. 

jueves, 6 de junio de 2013

Papeles de BRADOMÍN del VALLE (3).

                                          
Adios al viejo Tranvía                                              


Corría el año 1956 (septiembre); cuando se comunica en la prensa local, el final y la retirada de los "tranvias eléctricos"; jaulones que sobre ruedas y carriles circularon por Oviedo durante trenta y cuatro años. Se habían inaugurado el 1º de mayo de 1922, sustituyendo al legendario "tranvia de mulas". Tan feliz progresía, como es natural, fue muy celebrada por los ovetenses, sin que faltaran los "versos" (u lo que fueran) laudatorios del jocoso e hilarante "vate de Olloniego", Guillermo Carrocera y Rodriguez; publicados en la hoja volandera que se vendía a 10 céntimos (vamos la "perra gorda" de entonces), siendo la recaudación a beneficio de los niños rusos, victimas de la crisis económica que aún afectaba a su país.



             

martes, 30 de abril de 2013

Papeles de BRADOMÍN del VALLE (4)


CHARLATAN de CHARLATANES.

Decían que era el mejor de los vendedores de ferias; los llamados "charlatanes", subastadores, etc., etc. Que en su época sentó los cánones de la venta de quincallería en la calle: método al que otros muchos se adaptaron después. También se decía, que había ganado buenos dineros con su profesión, llegando a dilapidar toda su fortuna. Lo de siempre. Tópico, más o menos. A Oviedo vino en muchas ocasiones, desde las primeras décadas del siglo hasta el año 1934; por lo menos lo menos lo recuerdo por esas fechas, durante las fiestas de San Mateo cuyo ferial se estableció aquel año en los antiguos terrenos de Llamaquique. En la infancia, las cosas de este tipo resultan casi acontecimientos. En el año 1934, León Salvador, que así se hacía llamar, andaba ya en edad curtida, aunque bien conservado físicamente. Tipo alto, con tez morena de corte agitanado; vestía arregladamente tocándose con sombrero flexible. Utilizando la jerga al uso en estos casos, puede decirse aquello de "trabajaba bien"; de lo que no cabe duda es que su audiencia era siempre muy numerosa. Verle trabajar resultaba todo un espectáculo. Vendía o subastaba mercancía variada, pero su oferta estrella eran los relojes a precios inverosímiles. Decía que los fabricaban en Suiza, exclusivamente, para el y en enormes cantidades --vagones--, lo que le permitia abaratarlos. Son ya bastantes los años de la culminación de su paso por el mundo; época en la que --como ahora otras cosas--, tenían eco probado ciertos menesteres que se consideraban novedosos. También hacen historia los pequeños hechos que, si de transcendencia menor dan en encajar en la ciencia sociológica. En lo suyo, ha de valorarse a León Salvador como epígono.


    Cayo Fontán



domingo, 22 de julio de 2012

Por el Fontán anduvimos


RAFAEL. el de Bilbao.




Apareció por el Fontán hacía los años cuarenta –finales de la década-, del siglo pasado. Trabajaba largas temporadas en la ciudad, en donde, incluso, estuvo afincado  durante un tiempo en una pensión en el Arco de los Zapatos. Solía estar auxiliado en su trabajo por una mujer de mediana edad y cumplida estatura. Buena moza.
Como buen bilbaíno de nacimiento, solía anunciarse como: Rafael, discípulo del más grande y popular charlatán Quinito. No sabemos nada de aquel, pero este, en relación a sus maneras de despacharse ante el corro, si nos atrevemos a asegurar que no tendría porqué envidiar a ninguno. Este chimbo, encaramado en la tarima, transcendía a paradigma del buen charlatán. Subastaba de manera complaciente. Con sencillez, con buen vozarrón, también con particular acento persuasivo. El tenderete, -algo parecido al retablo de las maravillas- lo instalaba, regularmente, al pie de las escuelas del Fontán, dejando la acera –por entonces- como paso libre. En su valija mercantil disponía de artículos de lo más variado; desde cuchillas de afeitar, peines de asta, medias de señora, collares, etc. 
Varón que andaría sobre la cincuentena o poco más; vestía correctamente, sin exagerar, y, siempre cubierto con la chapela distintiva de su tierra. Mantenía sincera amistad con personas residentes en el barrio, incluso, llegó a tener tertulia en establecimiento muy popular del entorno. Por el Fontán circuló este vendedor de calle durante algunos años. De su existencia posterior nada supimos. 


Cayo Fontán


                                                                          
  

lunes, 18 de junio de 2012

Por el Fontán anduvimos.



(2)   ANTÓN. Artesano de la reparación de cacharros y paraguas. 


Era sencillamente una institución, que en este caso podríamos decir que alcanzaría valor de símbolo. Vino nuestro hombre de tierras gallegas, concretamente de Los Peares (Orense). Llegó a Asturias en compañia de un hermano suyo, de profesión calderero y con el que aprende el oficio. No tenemos la certeza del año de su llegada, bien podría haber sido en el primer cuarto del s.XX.
Después de recorrer la provincia durante algún tiempo, decide afincarse en El Fontán, donde poco a poco comienza a ganarse la confianza por su buen hacer, bondad, simpatía y por su gran humanidad. Allí crea una familia, y de donde no iba a moverse hasta sus últimos días.
Antón el Paragüero 
El primer puesto que instaló en el Fontán, ocupaba un lugar en la calle Fierro, bajo los arcos, frente a comercio de telas "Casa Germán", que aún existe. Después de la guerra civil, y sin que sepamos la causa, se traslada con sus bártulos a la plaza Daoiz y Velarde, en lo soportales -sobre la tercera o cuarta columna- en la parte baja de la plaza.
Sentado sobre una especie de "banco-arcón" -donde guardaba su herramienta al final de la jornada-, sobre el que colocaba un cojín. Utilizaba una barra de hierro anclada en un tronco, que incorporaba en la parte superior una especie de yunque, sobre el que reparaba o remendaba cualquier tipo de menaje (cacharros); potas, cazos, sartenes, barreños, calderos y todo lo imaginable. También se empleaba con gran destreza en la reparación de paraguas.
Su imagen, inconfundible; de talla mas bien menuda, piel tostada, rostro arrugado por los años vividos, semblante sincero y risueño, una voz fina y su acento gallego que nunca perdió, pelo blanco, tocado siempre con boina negra y bata de color gris. Gran aficionado al fútbol en toda regla, sus equipos favoritos eran: primero el Stadium Ovetense, al que siguió desde su fundación, después el Real Oviedo, que tuvo origen de la fusión sabida. Estos eran los rasgos un tanto generales de Antón Rodríguez Pereira, que este era su nombre completo; hombre que vio pasar varias generaciones "fontaniegas", y esencia viva del mismo, tanto como el "cañu" o el mismo palacio de San Feliz. Todo un icono.


Cayo Fontán  



Por el Fontna anduvimos:











(1)
PEJERTO.   Maestro del vaciado


Sobre cuando llegó aquí este operario -que hoy alcanzaría categoría de autónomo-, nada podemos señalar. Cuando más concretamente le conocí era ya persona de cierta edad, y padre de varios hijos. Hablamos de los primeros años de la década de los veinte y ha de suponerse que viniera a Oviedo mucho antes.
Libre de titubeos, le recuerdo en el puesto que establecía en la calle de Fierro; primero por el arco cercano a la esquina de Daoiz y Velarde, al lado de Antón, arreglando paraguas y menajes diversos. Más tarde (después de la guerra civil de 1936, acaso), en la esquina contraria, la que da a la calle del Fontán. Allí estuvo hasta el cese de la actividad laboral.
Era un hombre de constitución enjuta, rostro descarnado y nariz en el limite de lo aguileño. Para trabajar usaba siempre gafas de cristales grandes. Vestía  permanentemente bata de color azul, de tela recia y cubría su cabeza con un sombrero de fieltro, de color negro. Calmado de modales, daba sensación de serenidad mientras trabajaba, y ello vino a darle aprecios sin limite entre los moradores del barrio.
Con el producto de su buen laborar, consiguió para el y los suyos una forma de vida suficiente, austera; digamos decorosa.
Pejerto López
Siempre fue el Fontán, algo así, como una sucursal mayor de la emigración hacia nuestra tierra del elemento galaico, integrado en el gremio de los vaciadores y demás oficios consustanciales. Por aquí solían  venir muchos manejadores del artilugio afilador y herramientas útiles, para la reparación del menaje cocinero. Algunos encontraron acomodo; PEJERTO LÓPEZ, encontró en la calle Fierro -arteria muy señera en el circular por el Fontán-, el rincón ad hoc para el despliegue de sus habilidades, y allí sentó sus reales. En su espcialidad no era el único en el Fontán, pero dos días de mercado semanal y la proximidad de dos plazas, de frutas y hortalizas y de carnes, generaban trabajo para todos.
En todo aquello radicaba la clave que le decidió a quedarse allí para lo que restaba de vida. Así nos parece.

Cayo Fontán.

sábado, 28 de enero de 2012






LOS JUEVES.

Los jueves era un día especial. Muy próximo a mí domicilio se instalaba cada semana el mercado semanal. Ese día, durante unas horas, era lugar donde se centraba el verdadero pálpito de la ciudad. Me encantaba observar; madrugaba par poder ver la ceremonia del montaje de los puestos ambulantes. La diversidad de olores que ibas percibiendo mientras caminabas entre el gentío; las verduras, la fruta, las dulzainas, los encurtidos, la fritura de churrería, chocolate, el alcohol; el especial olor del cuero de los aparejos para los animales, etc. Resultaban vitamínicos para mí. El murmullo, los gritos entrecruzados de los vociferantes vendedores hacían que su mensaje fuera ininteligible. Los loteros, los mendigos, los trileros y  timadores, que de todo existía.
Pero de aquel ambiente bullanguero, había algo que para mí sobresalía de lo demás. Eran los vendedores de soluciones imposibles. Divulgadores de inventos inverosímiles, alguno llegaba a anunciarse como propagandista universal. Eran los conocidos como “charlatanes”.  De entre estos, había uno que me resultaba fascinante, se hacía anunciar como: fakir Fachay. Personaje difícil de catalogar; vendedor multidisciplinar. Elaborador de todo tipo de ungüentos, brebajes, pócimas o tisanas, curadoras o aliviadoras de cualquier tipo de males y dolencias; desde verrugas, pasando por callos o hemorroides, incluso, prometía curar la tartamudez. De la misma manera dominaba todo los secretos de la fabricación de esencias y perfumes, que el mismo envasaba por medio de una pipeta ante el público en pequeños frascos en los que en diminuta letra proclamada: todo el mundo sabe que lo bueno viene en envase pequeño. Vestía adecuadamente para la ocasión; vistoso turbante rematado con un elegante camafeo, larga y cuidada barba, chaleco sin camisa y pantalones bombachos de raso y aparatosas babuchas, todo ello en deslumbrante colorido. Entre las demostraciones de sus milagreros productos, solía deleitar al público con extraordinarios números de ilusionismo, prestidigitación y fakirismo, así: adivinaba el porvenir de personas, hacia desaparecer objetos o bien introducía estiletes por las fosas nasales, comía cristales de bombilla, etc. Le auxiliaba en su trabajo una mujer que decía ser alemana, nunca supe si era su pareja.
Avanzada la mañana el mercado comenzaba a languidecer. La peña infantil de admiradores siempre nos quedábamos hasta el final. Fachay, se acercaba para deleitarnos con alguno de sus innumerables trucos, procurando siempre tener entre sus manos alguno de nosotros al que mostraba todo su afecto con caricias, roces y tocamientos, como preámbulo de los regalos que solía ofrecernos: caramelos, regaliz, chicles, etc.
Hasta bastante tiempo después, no fuimos conscientes de las intenciones, ni de la dependencia que tenía de aquella gratificante necesidad para el. Con la perspectiva del paso del tiempo, siempre recordé que aquel tipo podía haber incubado en un degenerado de mayores proporciones; psicópata, violador; quien  sabe. Nunca supe cual había sido su final.     

 
  




miércoles, 9 de marzo de 2011

por el mundo del Fontán


Del azar.
Filantropía y socialismo se cruzan en el Fontán.

Arrimados a la pared de las Escuelas del Fontán, hacen cola numerosos indigentes. Esperan el reparto de unos lotes de ropa y enseres que, en su testamento, legó el circunspecto Marqués de las Junqueras. Rico y buen católico, quiso el aristócrata que heredaran los desheredados.
Los obreros del Municipio, que se dirigían al lugar de trabajo, cercano allí, al reparar en la fila de los hambrientos, se conmueven por tanta miseria; van hacia ellos y les socorren con algunas monedas. Los niños les miran con tristeza, y a medida que observan la cuantía del dispendio va aflojando el grado de pesadumbre. Pronuncian los beneficiados el lacónico ¡Dios se lo pague!. Silencio. Quedan los parias a la paciente espera. Fantasmas del dolor otean el ámbito. La pobreza es horrenda; pero ser pobre de limosnas amasadas con el sudor del trabajo hasta resulta bello.
Cuando ya quedan por atender pocos de los olvidados del bien cruza el lugar un nutrido grupo de trabajadores que van hacia el viejo Teatro, donde el compañero Pablo Iglesias y otros socialistas les hablarán de la ideología redentora. Las notas de la Internacional parten el silencio de la barriada.
Tan pronto sale del caritativo caserón el último inope, unos escribientes cierran puertas y ventanales, quedándose dentro del local, para formalizar el acta que da fe del cumplimiento del magnánimo reparto.
El almanaque señalaba la fecha 3 de marzo de 1892; año en que se abría la historia del socialismo ovetense.

De los primeros; mal que bien, la caridad y las correcciones sociales a través de los años fueron mitigándolo en parte. De la política; los déficit acumulados en su largo recorrido acabarían lastrando, no poco, su futuro.
Desgraciadamente, la empírica de la citada ideología nos vendría a demostrar lo poco halagüeño que resulto para nuestro devenir. Bien pasada la centuria de aquel acontecimiento, aquellos anhelos se trocarían en más de una decepción.

miércoles, 26 de enero de 2011

Por el mundo del Fontán.

                                                                       Plaza de Daoiz y Velarde


 Don PLÁCIDO LESACA.

 ¿Quién era Lesaca?. Un caballero que, desterrado a Oviedo por cuestiones políticas, emprendió aquí varios negocios y, acorde con sus ideas, tomo parte activa en subversiones auspiciadas por el progresismo; muy señaladamente, en los sucesos ocurridos cuando la revolución de Septiembre de 1868, formando parte del Comité del Partido Progresista. Integrado en la Milicia Nacional, estuvo al frente de las masas, mandando una compañía que años después salió en persecución de las fuerzas carlistas. Don Plácido Lesaca, en el 1875 concibió la idea de construir, por su cuenta y riesgo, un Circo de madera en terrenos que ocupaba entonces la huerta del Duque del Parque en la plaza de Daoiz y Velarde. El Circo aquel, un pabellón de regulares proporciones, tenía acceso por el portón que, aunque modificado, aún existe y da entrada a la calleja sita a la izquierda de la cochera de los herederos de San Feliz.
Inaugurado en 1876, ademàs de las indispensables funciones de circo -fuese o no Lesaca empresario exclusivo de ellas-, se dieron allí diversos festivales de baile y algunos que otros actos de carácter político. Incluso peleas de gallos. La duración del circo puede fijarse entre seis o siete años, pues, según se deduce de una noticia de prensa: "en 1881 andaba ya en decadencia. Siendo pocas, o acaso ninguna, las funciones de circo que entonces se daban allí. A lo sumo bailes de carnaval y alguna que otra fiesta". No obstante, puede aseverarse que por el pabellón establecido en el Fontán pasaron artistas que en la historia del circo figuran con calificaciones notables.
La prestigiosa COMPAÑÍA ECUESTRE de DÍAZ, en 1876 lo inauguró. En ella figuraba el joven portugués Enrique Díaz, quién, años más tarde alcanzó fama insuperable como adiestrador de caballos y artista ecuestre muy ponderado. Esta compañía cosechó en Oviedo muchos afectos y amistades pues durante aquella permanencia fueron muchas las señoritas ovetenses que, por las mañanas, acudían a la pista de Lesaca a recibir lecciones de equitación que solían dar padre e hijo, separadamente.
De carácter emprendedor y activo, además de la construcción del Circo del Fontán, fue uno de los primeros promotores de la construcción de la antigua Plaza de Toros del Fresno, y contratista de ella. Fundó la Empresa de Carruajes combinada con el Ferrocarril en servicio entre Busdongo y Oviedo, primero, y a Lena después, brindando siempre generosa protección a sus empleados y obreros.
Ya enfermo y falto de recursos, pasó Lesaca a Madrid cuando la Restauración; alcanzó modestísimo empleo en el Ayuntamiento y, en el lugar desde  el que hacia aquí viniera, acabó sus días, en Mayo de 1895.
La necrológica de Plácido Lesaca, publicada en "El Carbayón" (Oviedo, 17 de Mayo del  mismo año), que utilizamos en gran parte para establecer lo anteriormente escrito, finalizaba con estas palabras: "Y puede decirse que llevó resignado y con dignidad las contrariedades con que, en sus últimos días, le probó la suerte".
Otras de las actividades de Lesaca en Oviedo corresponden al rito masónico. En el año 1877, bajo el nombre simbólico de "Empecinado", era miembro de la logia "Luz Ovetense"; y en 1878, con idéntica nominación, en la logia "Nueva Luz". Y en cuanto a profesión, se le señala en ambas como propietario. Una rocambolesca historia en Oviedo, en unos años ciertamente difíciles.
   

lunes, 3 de enero de 2011

La Plaza del Mercado del Fontán: 


Es un mundo que no tendría explicación sin mi presencia, en un mundo en el que nada puede pasar  sin que yo lo sepa. Es reducido, limitado, sucio al atardecer, limpio cuando amanece. Yo soy lo mejor de la plaza, dicho sea con perdón. Aquí, entre estas casucas. corcovadas, caducas y seniles, viví y quise morir. Al lado de mis amigos doña Iluminada, don Sincerato, Colás, Nachín de Nacha. Y por encima de todos, Herminia, sin la que yo no podría ser yo mismo. Ella lo fue todo para mí y yo para ella.  No olvido a Vespeciano, Don Juan de vía estrecha y trasero saledizo a quien debo la felicidad, el honor y la honra. Soy bien poca cosa:

Juan Guerra Madrigal "Tigre Juan". 




                                               Foto: Alberto Schommer














                                                                                                              

Por el mundo de El Fontan.

















Plaza Daoiz y Velarde, nº 4 (hoy nº 1).



Edificio con mucha historia. Primera edificación en 1792, fecha en la que fue construida la plaza del mercado interior, que mereció el elogio del insigne JOVELLANOS. Sesenta años después (1852) fue reedificado, haciéndolo con la instalación, en piso superior, de largos corredores en fachada a ambas plazas. Hagamos un poco de historia.
Sábese que el propietario en 1852, -fecha en la que se agregó el piso segundo con el corredor de balaustrada- era don Manuel Toyos Moran (Arch. Municip. C. Invent. T-1). Posteriormente paso la propiedad a doña Ana María Toyo, a la cual heredaron varios parientes. Hacia los últimos años de la década de 1940, vi la luz por primera vez en la citada mánsión. Mas tarde, durante un buen puñado años, anduve de correrías infantiles por El Fontan. Recuerdo bien todo aquello. 
Mas cosas. En este edificio estuvo la tienda del popular "Tigre Juan". Ocupaba uno de los huecos (pasaje), que comunicaba la plaza interior con la de Daoiz y Velarde. En la segunda instalaba "el Tigre", bajo los arcos, un puesto ambulante. Pegado a aquella tenia el comercio la que fue en Oviedo muy conocida: BIBIANA. Adosada a esta (en dirección a la parte del Teatro), estaba la de la señora que era conocida como "CARLOTINA la resalada". Años después, los dos locales, ("Tigre" y doña Carlota) los ocupó el comercio de BIBIANA. Obvio es decir, que estos personajes fueron trasuntados por Pérez de Ayala en su TIGRE JUAN y EL CURANDERO DE SU HONRA. 
Posteriormente, -sobre los años 1950/70- en los bajos de esta propiedad, tuvieron vida otros negocios, a saber; esquina Fierro con Plaza Daoiz y Velarde; tienda de comestibles "CASA PEDRO", mercería y mas tarde pescadería; siguiendo por la plaza hacia abajo, bar "La Flor de Tiñana (Casa el Marqués)"; locales que ocupaban la planta baja del inmueble. En la actualidad ocupado por el Restaurante Casa Ramón.
Casa con mucha historia. Dijimos. 


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Por el mundo de EL FONTAN.

La "Inesperada", Rebaja.


A este lugar entrañable donde los halla, nos lleva cada año la nostalgia. En los años de comercio floreciente en El Fontán, y una vez consumidas las fechas navideñas, se repetía año tras año el mismo ritual: Las rebajas.
En estas quiero reparar para traer a la memoria, tanto y tanto comercio que en este entorno, -especie de ciudad dentro de otra- vio pasar varias generaciones; en momentos buenos y algunos no tanto. Era comercio pequeño, familiar; de trato directo, humano y sincero. De entre aquellos, surge uno, -quizás el mas grande y populoso: calle Magdalena, comercio de telas y confección, eran los almacenes de don Alfredo Galán, (hoy de sus sucesores). Precursor de los grandes establecimientos que estaban por venir. Excepcional comerciante, gran experto en la venta de retales; avanzado conocedor del "gancho" del 0,95 céntimos en los precios, e impulsor de las REBAJAS. Creo recordar que solía estar en ofertas gran parte del año. Enormes carteles en sus escaparates, topografía a gran tamaño: REBAJAS, GRANDES REBAJAS y LIQUIDACIÓN TOTAL. Escuela de cientos de vendedores que habrán pasado por allí, y que quizás algunos se encuentren establecidos en esta urbe.
Pero donde quiero ahondar con mas cariño, es en el pequeño comercio. En uno muy concreto: La  Inesperada. Ignoro de que año podía datar este negocio que estuvo abierto creo recordar hasta principios de los 60. Situado en el numero 2 de la calle Fierro, era un comercio entrañable, pura estética de primeros años del siglo pasado: mostrador de madera con centímetro incorporado y expositor en su interior. Grandes estanterías de madera repletas de cajas de cartón; botones, hebillas, puntillas y todo tipo de abalorios; también las inconfundibles cajoneras de hilos y dalias. Especialidad en ropa interior, -higiénica y de abrigo- proclamaban los rótulos; delantales, batas, los populares "sisis", toquillas, zapatillas, ropa de hogar y mercería en general. Tenía La Inesperada, algo muy particular que llamaba poderosamente mi atención. Se trataba de una especie de grandes perchas; siluetas de cintura para arriba, confeccionadas en cartón piedra; colgadas del techo de los soportales e interior del negocio, de las que pendían las prendas de vestir. Nunca supe el nombre de su propietaria, una señora de avanzada edad, la recuerdo siempre sentada en las cercanías de la puerta, ataviada con toquilla de punto, mandil con grandes bolsos y zapatillas oscuras.
¡Que tiempos!. Seguro que también llegaría a poner REBAJAS. En aquellos años todavía no habían hecho su aparición, la oligarquía de los grandes centros comerciales, que por decreto de conveniencia, dictasen las normas por las que se habrían de regir las ofertas de ocasión, rebajas y similares.
Pasan los años, incluso siglos, pero el eterno Fontán resiste